sábado, enero 20, 2007

¿Una política energética "revolucionaria" para la Unión Europea?


En la reciente comunicación de la Comisión Europea sobre una "Política Energética para Europea" se daba un paso más hacia una política común en este ámbito, a pesar de que el texto no incluye algunas de las recomendaciones realizadas por el PE en diciembre. Sin embargo, el documento reabre el debate sobre la viabilidad de una energía sostenible, segura y competitiva en pleno conflicto petrolífero entre Rusia y Bielorrusia y poco después de conocerse los pobres resultados del Protocolo de Kioto.

"Los días de la energía barata en Europa han terminado", afirma la comunicación de la Comisión, que fue presentada el pasado miércoles a los eurodiputados por el comisario encargado del tema, Andris Piebalgs, y el presidente de la comisión parlamentaria de Industria, Investigación y Energía, el europarlamentario popular británico Giles Chichester.

La Unión Europea necesita una política energética común como respuesta a la nueva situación económica, política y medioambiental en torno a la energía. Para el Parlamento Europeo (PE), esta política debería plantear objetivos a largo plazo -hasta 2050-, treinta años más allá del período fijado por la "Estrategia de Kioto" establecida por Naciones Unidas con el objetivo de luchar contra el cambio climático, y cuyos resultados han demostrado ser muy modestos.

Energías renovables e I+D

El principal objetivo de esta nueva política europea sería aumentar el uso de energías renovables en Europa, a la vez que disminuir la dependencia de los combustibles fósiles, principales responsables de las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera. Para ello, la inversión comunitaria en investigación y desarrollo (I+D) debería aumentar considerablemente. Para el PE, disponer de una política energética competitiva es vital para motivar a las empresas en la dirección de la sostenibilidad.

Además, una mayor competitividad del sector energético traería consigo mayor seguridad en el sector y se produciría un aumento de la eficacia con el que disminuiría la dependencia de las importaciones energéticas. Según la comunicación de la Comisión Europea, asegurar la protección de consumidores y trabajadores manteniendo el crecimiento del sector es uno de los retos más importantes a los que tendrá que hacer frente la nueva política común.

Competitividad, sostenibilidad y garantía de suministro son pues los tres objetivos clave identificados en el texto. Para alcanzarlos, la Comisión establece un plan de acción en el que debería basarse la política energética común; en él se afirma, entre otras cosas, que el gasto comunitario anual en I+D en el campo energético debería incrementarse en al menos un cincuenta por ciento en los próximos siete años. También se propone el desarrollo de mecanismos de solidaridad entre los países que permitan hacer frente a una hipotética crisis de suministro.

Efecto invernadero

La Comisión Europea quiere, por otra parte, que se establezca un acuerdo unilateral según el cual las emisiones de gases de efecto invernadero por parte de los países de la Unión Europea se reduzcan un veinte por ciento antes de 2020 (el PE había pedido una reducción del treinta por ciento).

Para la eurodiputada socialista británica Eluned Morgan, autor del informe parlamentario sobre política energética que fue aprobado el pasado mes de diciembre, la comunicación de la Comisión "no es ninguna gran revolución", aunque admite que en algunos puntos coincide con las propuestas de la Eurocámara. Asimismo, se suma a las opiniones de muchos de sus colegas que piensan que la propuesta de la Comisión adolece de "falta de ambición" y considera que la reducción de la emisión de gases de efecto invernadero en un veinte por ciento es "simplemente insuficiente".
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